Equipo A Tu Salud Web – Con información de Sinergium
Las várices esofágicas sangrantes son consecuencia de casos avanzados de cirrosis hepática, una enfermedad producida por los virus de hepatitis B y C, así como por el alcohol, entre las causas más frecuentes.
Se trata de venas que se hinchan en las paredes de la parte inferior del esófago y comienzan a sangrar, explica la doctora Lucy Dagher, hepatóloga de la Policlínica Metropolitana y Centro Médico Docente La Trinidad.
“En el esófago se abren unos canales venosos que estaban cerrados y se forman las varices que en algún momento explotan porque no pueden contener la presión producida por la cirrosis en el hígado y se revientan produciendo hemorragia digestiva”, comenta la especialista.
Dagher recalca que todo paciente cirrótico mientras más avanzada tenga la enfermedad más probabilidad tendrá de tener varices esofágicas y estas, mientras sean más grandes y el paciente tenga una pobre función hepática o se descompense, tiene más riesgo de sangrar.
“La persona con cirrosis sufre en el tiempo un deterioro de su función hepática y no puede contener la presión en el hígado y esto hace que las varices aumenten de tamaño y se produzca el sangrado, por ellas el paciente vomita sangre y hace evacuaciones negras (melena), si el sangrado es muy importante el paciente se pone hipotenso, esto es una verdadera emergencia y si no es atendido rápidamente puede morir a causa del sangrado”, agrega. Pueden también registrar otro tipo de manifestaciones de esta enfermedad, como heces alquitranosas, heces con sangre, mareo, palidez, vómitos y vómitos con sangre.
Los pacientes que padecen este tipo de trastorno deben ser trasladados a la emergencia de un centro de salud a fin de que sean estabilizados con medicamentos y transfusiones de sangre. Luego se le realiza una gastroscopia para ver si la causa del sangrado son las várices esofágicas.
“En ese momento el médico le realiza el tratamiento endoscópico que consiste en la ligadura de las varices o inyección con sustancias esclerosantes, a veces el paciente sigue sangrando a pesar de darle tratamiento farmacológico o endoscópico y en ese caso hay que bajarle la presión colocando una prótesis dentro de las venas del hígado que se llama TIPS (derivación intraheptica transyugular), esto baja la presión y controla el sangrado” explica Dagher.
La cirrosis se diagnóstica con ultrasonido abdominal y exámenes de sangre, cuando aún no ha dado síntomas, una vez que el paciente sangra, tiene líquido en la barriga (ascitis) o está amarillo o tiene encefalopatía hepática, es cuando ya se ha descompensado y el diagnóstico clínico es evidente.
Actualmente, existe un tratamiento farmacológico llamado Terlipresina, que se administra al paciente por vía endovenosa al llegar a la emergencia, antes de la endoscopia y ante la sospecha de que se trate de un paciente cirrótico, este medicamento en todos los estudios ha demostrado que es el único que reduce la mortalidad por el sangrado de varices esofágicas en forma estadísticamente significativa.
“Cuando la Terlipresina se compara con los otros medicamentos, ha demostrado también que reduce la presión en el hígado (presión portal) y esto contribuye al control del sangrado agudo por varices esófago-gástricas y la sobrevida del paciente”, afirma Dagher.
En Venezuela la cirrosis está dentro de las primeras 10 causas de mortalidad y todo paciente cirrótico tiene 30% de riesgo de sangrar, mientras más deteriorada tenga su función hepática mayor es el riesgo. “Hace 10 años más de la mitad de los pacientes que sangraban morían durante el sangrado, en estos últimos años la mortalidad ha bajado al 20% gracias a mejores tratamientos farmacológicos, endoscópicos”, indica la especialista.