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Musicoterapia: Sonidos que intervienen en la sanación


Yakary Prado

La música ha sido empleada en la historia de las civilizaciones como una herramienta para promover el intercambio social y como experiencia sensitiva. El romance, la amistad y las emociones menos agradables, perforan más profundamente el recuerdo cuando se acompañan de una “banda sonora”.

Pero el arte de organizar sensible y lógicamente los sonidos y silencios ha funcionado también como instrumento de sanación. En rituales chamánicos de culturas ancestrales, así como en procedimientos de la antigua Grecia, destaca la incorporación de instrumentos musicales como parte del repertorio curativo, según lo afirma la Federación Mundial de Musicoterapia en su sitio web.

Esta organización define a la disciplina como el uso de la música y/o elementos musicales (sonidos, ritmo, melodía, armonía) por un musicoterapeuta calificado, con un paciente o grupo de pacientes y con diferentes propósitos: facilitar o promover la comunicación, interrelación y aprendizaje, así como mejorar la expresión y organización para atender necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas.

Tal y como lo corrobora la profesora Yadira Albornoz, doctora en Filosofía de la Musicoterapia y coordinadora del único posgrado de la especialidad en Venezuela (en la Universidad de los Andes, estado Mérida) esta actividad apunta a desarrollar potenciales y restablecer funciones del individuo, para ayudarle a una mejor integración personal, intrapersonal y, en consecuencia, a alcanzar una mejor calidad de vida.

El espectro de aplicación de la musicoterapia en niños y adultos es extenso: abarca una amplia gama de trastornos emocionales, sensoriales, mentales y discapacidades físicas. También, se amplía a situaciones muy específicas, como “la reducción del estrés y del dolor, cuidados paliativos en enfermedades terminales, Alzheimer, autismo, diálisis y transplante, embarazo, recién nacidos y tercera edad”, enumera Albornoz.

Varios caminos, un propósito

Son cuatro los métodos de los que se vale la musicoterapia para lograr su cometido sanador: composición, improvisación, método recreativo y método receptivo (que contempla escuchar música)

“En pacientes con cánceres terminales, componer canciones se ha estudiado que es muy efectivo, porque la persona que va a morir necesita documentar su experiencia de vida. Ayudarla a componer canciones en base a sus sentimientos, o las cosas que no pudo cumplir en vida, la ayuda muchísimo a prepararse para la muerte”, afirma Albornoz.

En las actividades con adultos mayores, se emplea por lo general el método recreativo: cantar canciones en grupo y analizar el contenido emotivo referencial de esas piezas, es bastante efectivo en el estado de ánimo de las personas de la tercera edad.

Por su parte, en casos de autismo, se ha demostrado que el método de improvisación (crear sonidos aleatorios a partir de lo que el paciente va expresando) ayuda en la creación de conexiones con el entorno e incentiva que los chicos empiecen a comunicarse.

“Cada uno de los métodos tiene un impacto distinto y, por lo general, se pueden usar todos, de acuerdo con la evaluación que se haga en cada persona”, agregó.

Efectos fisiológicos de la música

Cantar aumenta los niveles de dopamina y serotonina, lo que hace que la persona se sienta más relajada, contenta y mejore, incluso, su desempeño motor. Ello ayuda en casos de depresión y mal de Parkinson.

Se ha demostrado también que, al hacer música, los dos hemisferios cerebrales se conectan. Esta “transmisión cerebral” que propicia la estimulación con sonidos ayuda en el caso de niños con parálisis. Investigaciones han demostrado que, al aplicar terapias receptivas de música de forma sistemática, se inicia un proceso neurológico en que las células sanas comienzan a invadir el espacio del daño cerebral.

Una experiencia narrada por la doctora Albornoz confirma las potencialidades de la musicoterapia: Al tratar en conjunto con una terapeuta del lenguaje a un niño con daño en el lóbulo frontal, el pequeño comenzó a hablar.

Se ha comprobado también que determinados sonidos hacen vibrar a la hipófisis, glándula del cuerpo humano encargada de controlar la síntesis de numerosas hormonas; así como también a la glándula pineal, que coordina el ritmo respiratorio, cardiaco y el funcionamiento de glándulas sexuales.


Restando volumen a los mitos

Generalmente, se piensa que solo escuchando música clásica se puede propiciar un efecto sanador; o que algunos géneros musicales son contraproducentes. “Todo depende de las personas con quienes trabajas. Hay adolescentes que se relajan profundamente con el rock. No se le puede imponer una música al paciente, porque eso puede ir en contra de su proceso”, aseguró la experta en Musicoterapia.

Contraindicaciones de la musicoterapia
En pacientes psicóticos se debe tener cuidado con la aplicación de esta técnica, puesto que se puede inducir más alucinaciones y desconexión con la realidad. Asimismo, los pacientes que sufren de epilepsia tampoco deberían tratarse con música, por cuanto la excitación de la actividad cerebral podría propiciar crisis de la enfermedad. 

 
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