Nuestro cerebro es lo que comemos

Nuestro cerebro es lo que comemos, por eso no hay forma de escapar de los alimentos demasiados dulces, llenos de grasas malas y ricos en energía.

Los alimentos dañinos están en todas partes y desde hace décadas estos modernos hábitos alimenticios son causantes de malestares en nuestro cuerpo.

Por eso es que nuestro cerebro se verá perjudicado con lo que comemos, por una mala alimentación, que también afecta nuestra salud mental.

Así como a nuestro estado de ánimo y nuestra capacidad cerebral, porque sabemos que la comida chatarra engorda pero también puedo atrofiar el cerebro.

Entre tanto, los investigadores del cerebro, estudian las consecuencias de nuestros hábitos alimenticios, de nuestro cerebro cuando comemos.

Una alimentación alta en azúcar, produce cambios a largo plazo en ciertas zonas del cerebro. La ciencia revela una nueva faceta en nuestra alimentación.

Nuestro cerebro depende del plato de comida

Con el aumento en la ingesta de grasas y azúcar, el cerebro se reprograma, por lo tanto lo que pasa por nuestra cabeza también depende del contenido nuestro plato.

Todo comenzó con las primeras comidas antes del nacimiento, porque nuestro cerebro es lo que comemos.

Durante el embarazo el desarrollo del bebé, dependerá de la forma en que se alimente, de lo que ha comido la madre durante los 9 meses de gestación.

Hace tiempo que se conoce las consecuencias de una mala alimentación para la salud del feto.

En la actualidad en Australia los científicos se ocupan también de los efectos de los alimentos en la función cerebral.

En saber que comer chatarra y alimentos procesados industrialmente a comparación de los alimentos saludables nutritivos y ricos en fibra.

Salud mental por mal nutrición

Han examinado emocionalmente a los niños de 18 meses a 5 años, por supuesto tuvieron en cuenta factores como el nivel de formación, los ingresos y la salud mental de la madre.

Así como el estilo de la educación y el resultado fue evidente: las madres que consumieron más comida chatarra y alimentos procesados industrialmente, como refrescos dulces refrigerados, pasteles y galletas en el embarazo, tuvieron a hijos más propensos a la agresión y rabietas.

Esta correlación sugiere que la mala alimentación afecta mentalmente la salud mental de los niños.

Esto no se ha probado a nivel biológico pero se está convencido de ello, por eso los estudios noruegos han demostrado que la alimentación de los niños es muy importante.

Independientemente de lo que haya comido la madre, los que comían demasiada comida chatarra y muy poca comida, mostraron un comportamiento furioso o agresivo.

Pero también dolor, miedo, inquietud y pesadillas.

Con información de www.dw.com

Comparte este artículo:

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Continua leyendo

Artículos relacionados