Drew Barrymore: «Tenía miedo de morir a los 25»

Imagina que eres productora en Hollywood y te proponen el siguiente guion: una niña protagoniza un anuncio de comida para perros a los 11 meses. A los siete años se convierte en una estrella de cine que rocía sus helados con Baileys, a los 11 tiene un problema con la bebida, a los 12 es adicta a las drogas, a los 13 se corta las venas y es hospitalizada, y a los 14 se divorcia legalmente de sus padres. Seguramente no harías la película.

Sin embargo, solo has oído la mitad de la historia real de Drew Barrymore. Lanzada como actriz a los 15 años, limpiando retretes a los 16, casada dos veces y divorciada otras tantas. Acaba de escribir un libro titulado ‘Wildflower‘ -flor salvaje-, una especie de memorias. Hay en él mucha filosofía ‘hippy’ de andar por casa, pero emociona. Es un libro sobre una niña falta de cariño que acaba encontrando una familia y el amor.

En su libro habla de cómo ha cambiado desde que ha tenido hijos. Antes no respetaba los horarios y siempre llegaba tarde. Hoy también, pero se disculpa e intenta compensarlo.

 Barrymore con cinco años debutó en la película dirigida por Ken Russell ‘Viaje alucinante al fondo de la mente’ (1980) pero fue ‘ET‘, de Steven Spielberg, el cuarto filme más taquillero de la historia, el que dos años después la lanzó al estrellato.

Después de ‘ET’ empezaron los problemas. Existe un famoso vídeo de una entrevista que le hizo el periodista Johny Carson. Ella tiene siete años y lleva dientes postizos porque los de leche se le acaban de caer, pero no aguanta mucho con ellos y los acaba dejando sobre la mesa. Es precoz, divertida, y coquetea descaradamente con el presentador.

Lo que entonces no sabíamos es que su padre, el actor John Drew Barrymore, era un alcohólico violento, y su madre y ‘manager’, Jaid, nacida en Alemania de padres húngaros en un campo de refugiados de la II Guerra Mundial, había sido también una niña salvaje y tenía poco sentido de la responsabilidad parental. Cuando se divorciaron Drew tenía nueve años y Jaid se la llevó a Studio 54, donde la animaba a bailar con hombres jóvenes y famosos y la introdujeron en el mundo de las drogas.

A partir de los ocho años comenzó a definirse a sí misma como una «fiestera», y salía de marcha con su madre y sus amigos hasta cinco días por semana. Pero no aguantó mucho. A los 12 ya había pasado por rehabilitación y respaldaba la campaña de Nancy Reagan ‘Just Say No’ [simplemente di no]. Recayó, y con 13 pasó 18 meses en una clínica por sus adicciones.

Si a los 14 años se hubiera imaginado que con 40 podría contarlo. «Una mitad de mí no, porque tenía muchísimo miedo de morir a los 25. Y otra mitad sí, porque no importa lo mal que fueran las cosas, siempre tuve la sensación de que el bien llegaría. No me metí del todo en el lado oscuro».

Comenta que su madre la encerró en una clínica a los 13 años, «pero eso me aportó mucha disciplina. Era como un campamento militar, horrible y oscuro, y fue mucho tiempo, un año y medio, pero lo necesitaba. Necesitaba un cambio radical».Además, indica que se trataba de un hospital psiquiátrico.

Fue la propia institución donde estaba recluida que sugirió que se emancipara legalmente de sus padres y fuera declarada mayor de edad a los 14. Barrymore explica que los expertos opinaban que, al salir, estaría mejor sola. Hoy en día no se arrepiente del tiempo que pasó allí. «Fue una experiencia muy importante. Una lección de humildad, tranquilizadora. Salí muy diferente… Pero seguía siendo yo».

Con 14 años y recién independizada, era una paria en Hollywood. Acudía a audiciones y los directores de casting se reían de ella por tener la desfachatez de presentarse. Dice que quizá aquello debería haberle parecido injusto, pero no fue así. Lo aceptó y dejó su ego de lado -no podía permitirse tenerlo.

Su libro habla de momentos de esperanza íntimos y valiosos. ¿Como cuáles? «Estar en un barco pidiendo al Universo que no me abandone. cómo me sentí al separarme de mi madre a los 14, y cómo fue aquel primer año. Fue muyyyy raro. No tenía ni idea de cómo llevar una casa. Había moho por todas partes. Vivía en un barrio peligroso y tenía miedo de dormir. Estaba aterrorizada».

La actriz señala que muchas veces la han dejado estupefacta al preguntarme ‘¿Qué harás cuando tus hijos te busquen en Google?’. Y pienso: “Dios, qué acusatorio”, expresa. No voy a fingir ser quien no soy. Les enseñaré cómo he llegado hasta aquí».

Ahora son los niños, mis amigos, mi matrimonio, el trabajo, la salud. No quiero que mis hijas crezcan diciendo “Mira, mamá trabajó muy duro, pero nunca la veíamos”. Quiero que digan: ‘No sé cómo conseguía estar ahí siempre, ¡y además trabajaba!'».

¿Le preocupaba qué tipo de madre sería? «No. Sabía que no repetiría los errores de mis padres, que no estaría ausente ni los metería en ambientes de adultos. Nunca habría tenido hijos de no estar increíblemente estable, y queriendo ponerlos por delante de todo». Cuando explica el milagro de la maternidad, las palabras brotan de su boca tan rápido que trastabilla. «Es la cosa más inteligente, paciente, amorosa, creativa y hábil que harás en vida».

¿Dejaría a sus hijas ser estrellas infantiles? «No. Pero aun así nunca despotricaría contra la profesión de actor. En mi caso el set de rodaje era mejor que mis circunstancias personales, fue una salvación. Para mis niñas no sería así. Van a estar tan seguras y tendrán tanto amor que no necesitarán el set de una película para mejorar sus vidas».

Se casó con el consultor de arte Will Kopelman hace tres años. Uno de los pasajes más conmovedores de ‘Wildflower’ es cuando se da cuenta de que por fin tiene la familia que siempre ha deseado.

Fuente: Elmundo.es

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