Rachael Farrokh: Si yo puedo volver a la vida, cualquiera puede volver

Con apenas 20 kilos de peso y a sus 39 años de edad, Rachael Farrokh, lleva 10 años sufriendo de anorexia. Rod Edmonson, su esposo, contó que en reiteradas ocasiones los médicos le han preguntado qué prefería para su esposa: incineración o enterramiento. Sin embargo, estas opciones no estaban en la cabeza de la pareja.

«Quiero demostrar que, si yo puedo volver a la vida, cualquiera puede volver»  fueron las palabras de Rachael al equipo BBC Mundo, que visitó su casa y la de su esposo en Laguna Hills, California, Estados Unidos.

Sobre un sofá, y con una vía en el brazo derecho, Rachael desean contar su historia, como prueba que si se puede superar esta enfermedad.

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Insultos y cuestionamientos

«Me dicen que coma una hamburguesa con queso, me señalan y hablan de mí como si yo no estuviera delante, o me preguntan si soy drogadicta» comentó. También la han culpado de querer llamar la atención, de buscar publicidad e incluso acusan a su esposo Rod de estar aprovechándose de ella.

En abril de 2015 su caso se dio a conocer a través de una campaña de financiamiento colectivo crowdfunding”, en la que Rachael pidió ayuda por esa vía para poder someterse a un tratamiento especial.

Rachael aclaró que los US$200.000 recaudados se invirtieron en costosas terapias médicas, sobre todo una que se realizó en Cegonha Retreat, centro especializado en el tratamiento de desórdenes alimenticios ubicado en Portugal. Declaración que hizo luego de haber recibido innumerables denuncias por los fondos recolectados.

Durante ese mismo año -2015- tras regresar de Portugal y abandonar el tratamiento “porque se me terminó el dinero” participó en Washington DC en un evento organizado por las Madres contra los desórdenes alimenticios. En aquel momento, Rachael tenía un edema que se le había trasladado de la parte inferior del cuerpo a la parte superior y por lo que retenía líquido y hacia que se viera hinchada.

«Eso hacía que pareciera que había recuperado el peso. Los reporteros tomaron fotografías de la parte superior y se corrió la voz” narró Farrokh. Sin embargo, solo bastaba con encontrarse con ella para saber que aquello fue un espejismo.

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Contra el tabú

«Mucha gente piensa que la anorexia nervosa o cualquier otro desorden alimenticio es un problema de querer ser delgado, pero si investigas y profundizas ves que es algo mucho más complejo, dijo Rachael, quien insiste en que su objetivo es terminar con el tabú y las concepciones errores que se manejan sobre la enfermedad.

«Cada caso es diferente, no se puede generalizar, pero muchas veces tiene su origen en un trauma, aunque esa es otra historia» sentenció.

Trabajo y ejercicio excesivo

Toda esta pesadilla inicio cuando Rachael fue contratada en una empresa que le exigía un alto compromiso, donde empezó a realizar mucho ejercicio físico. «Sólo quería estar sana. Estar en forma era importante en mi trabajo, donde la apariencia se toma muy en cuenta” contó la mujer.

«A partir de ahí todo fue como una bola de nieve, pasaron cosas y empecé a tener los primeros síntomas de la enfermedad. En un punto intenté conseguir ayuda y acudí a algunos tratamientos pero después de haber trabajado en esta empresa 14 años, me despidieron y me desplomé, caí en picada”.

Un nuevo reto

En la actualiza Rachael, recibe los nutrientes necesarios por vía intravenosa. También come algunos alimentos sólidos, pero lo tiene que hacer despacio y con mucho cuidado. Aseguró que el dolor es constante y en ocasiones insoportable. No obstante, ella se ve y se siente mejor.

Habla con claridad, sonríe y, bajo esa fragilidad física, se pueden vislumbrar los rasgos de una mujer determinada a salir adelante y convencida de poder hacerlo.

Cansada de los tratamientos tradicionales que, según ella, abordan la anorexia con un enfoque de recompensa-castigo, Rachael decidió recurrir a un método experimental con células madre.

Afirmó que la parte psicológica de su enfermedad ya no es tan problemática pero que su cuerpo se tiene que recuperar del prolongado deterioro y de una serie de enfermedades recientes: una gastroenteritis seguida de una pancreatitis.

«Millones de bebés»

Su mirada se ilumina cuando habla de las las células madres y el doctor Hasan Badday. Quien a mediados de marzo arrancó con un nuevo tratamiento para Rachael.

«Yo digo que son mis bebés», ríe al hablar de los 30 millones de células madre obtenidas de cordón umbilical que Badday le introdujo por vía intravenosa hace unas semanas.

El médico explicó que esta terapia no es específica para la anorexia sino para la reducción de inflamaciones internas y, por tanto, para tratar el dolor. «Esto es medicina regenerativa», señaló Badday.

Mejor estado de ánimo

En su primer chequeo médico luego de su nuevo tratamiento, a Rachael, se le practicó un reconocimiento físico en el que puso a prueba la resistencia de brazos, piernas y cuello, y afortunadamente superó todos los ejercicios con una amplia sonrisa.

«Lo más evidente es el patrón de sueño, se le está regulando», aseguro Rod. «También tiene mejor ánimo, ya no está en estado constante de alerta y su porte es diferente», sostiene emocionado.

«No sabía si iba a sobrevivir. Millones de personas han pasado por esto, no quiero ser la que no sobrevivió«. Finalizó Rachael.

Rachael es muy activa en redes sociales y detalla sus progresos en la página rachaelsroadtorecovery.com

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Con información de bbc

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