Estudios afirman la seguridad a largo plazo de dos fármacos para el cáncer de mama

Gracias a los avances conseguidos en la investigación, las mujeres con cáncer de mama poseen a su disposición diferentes fármacos quimioterápicos para tratar el tumor. Un aspecto muy significativo dado que el cáncer de mama es alrededor de 25.000 nuevos casos anuales, el tumor más usual en la población femenina.

El problema es que, con independencia de su eficacia, los fármacos para el tumor igualmente origina efectos secundarios. Una dificultad común a todos los tratamientos para cualquier enfermedad pero que en este caso puede resultar verdaderamente grave. No en vano, el empleo de las antraciclinas podría estar asociado a un peligro importante de deterioro cognitivo. Igualmente los inhibidores de la aromatasa podrían conllevar un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular –sobre todo por infartos de miocardio e ictus–. La buena noticia es que, como revelan dos recientes estudios publicados en la revista «JAMA Oncology», esto no es así.

Específicamente, la primera de las indagaciones, llevada a cabo por investigadores del Centro Oncológico Integral Jonsson de la Universidad de California en Los Ángeles (EE.UU.), corrobora que el tratamiento con antraciclinas –entre otras, la doxorrubicina– no supone un mayor peligro de deterioro cognitivo para las pacientes.

Sin deterioro cognitivo

Estudios anteriores habían sugerido que la terapia con antraciclinas conllevaba un deterioro de la memoria, la función ejecutiva y la velocidad de razonamiento en mujeres con cáncer de mama. Tal es así que, como recuerdan los científicos, «los posibles efectos adversos de las terapias del cáncer de mama sobre la función cognitiva ya han sido reconocidos. Sin embargo, los riesgos asociados a algunas quimioterapias específicas aún no han sido determinados».

Por tal razón, los autores efectuaron evaluaciones neuropsicológicas a 102 mujeres con cáncer de mama durante diferentes instantes de su quimioterapia basada en antraciclinas: a los 3 meses, a los 6 meses, a los 12 meses y a los 4,8 años. Conforme con los resultados, las participantes revelaron una función ejecutiva, una velocidad de razonamiento y una memoria parecidos no solo a las de las pacientes tratadas con otros fármacos quimioterápicos, sino además a las de las mujeres sin cáncer de mama.

Es más; transcurridos siete años, la función cognitiva de las pacientes tratadas con antraciclinas seguía siendo normal.

En conclusión, Patricia A. Ganz, directora de la investigación, «en nuestro estudio no hemos encontrado ninguna evidencia que apoye que el tratamiento con antraciclinas suponga un mayor riesgo de deterioro cognitivo para las supervivientes con cáncer de mama».

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Ni infartos ni ictus

A su vez, el segundo estudio, efectuado por investigadores del Centro Kaiser Permanente de Pasadena (EE.UU.), tuvo por objetivo analizar el posible aumento en la tasa de mortalidad cardiovascular asociado al tratamiento con inhibidores de la aromatasa, esto es, con fármacos que bloquean concretamente la actividad de una enzima, la aromatasa, involucrada en la síntesis de estrógenos –hormonas femeninas que logran promover el surgimiento y el crecimiento del cáncer de mama.

Reina Haque, directora del estudio señala que, «la enfermedad cardiovascular es la primera causa de mortalidad entre las supervivientes de cáncer de mama más longevas».

Por esa razón, los autores cotejaron las tasas de episodios cardiovasculares asociadas al tratamiento con inhibidores de la aromatasa o con tamoxifeno en 13.273 mujeres postmenopáusicas diagnosticadas de cáncer de mama con receptores de hormonas positivos entre los años 1991 y 2010. Específicamente, el 37,1% de las participantes había sido tratada con tamoxifeno, mientras que un 28,6% recibió solo inhibidores de la aromatasa; un 20,2% fue tratado con ambos tratamientos; y un 19,4% no recibió ninguno de estos fármacos.

Concluido el seguimiento de las supervivientes en el año 2011, los resultados revelaron que las supervivientes que recibieron tratamiento con inhibidores de la aromatasa no presentaban un mayor peligro de mortalidad por infarto de miocardio o ictus. De hecho, las pacientes tratadas exclusivamente con estos fármacos o que los recibieron tras terapia con tamoxifeno solo experimentaron un aumento de un 26-29% del riesgo de episodios cardiovasculares leves –caso de las arritmias y la pericarditis, esto es, la inflamación de la membrana que rodea el corazón.

Finaliza Reina Haque, «nuestro estudio, en el que se ha realizado una evaluación exhaustiva del impacto de los inhibidores de la aromatasa sobre el riesgo cardiovascular, constata que la terapia hormonal para reducir la recurrencia en el cáncer de mama no conlleva un incremento del riesgo de la mayoría de los episodios cardiovasculares fatales».

También puedes consultar: Científicos hallan nueva diana terapéutica para el cáncer de mama

Fuente: .abc.es

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