Lo peligroso que es no lavar bien un cuchillo luego de cortar carne

No lavar bien un cuchillo puede causar que las bacterias de un filete de carne terminen en la barra del pan que vamos a consumir, sin necesidad alguna de cocinar.

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La falta de higiene en la manipulación de alimentos crudos, carnes, pescados, frutas y verduras puede llevarnos al consumo de microorganismos perjudiciales para nuestra salud, por su resistencia a los antibióticos.

Sucede porque tal y como la mayoría de los seres vivos, las bacterias poseen mecanismos que les permiten adaptarse a diferentes situaciones ambientales.

Ante el uso indiscriminado de antibióticos, muchas bacterias desarrollan estrategias que les permiten saltarse los medicamentos y compartir su información genética, siendo resistentes a estos.

Hay que lavar los cuchillos que se usan para cortar alimentos en crudo.

Si a este cóctel le añadimos que la movilidad actual de la población se encarga de disipar las cepas resistentes por el planeta, el problema alcanza enormes dimensiones.

Antibióticos y biocidas

El uso de antibióticos (en producción primaria) y de biocidas (desinfectantes, descontaminantes o conservantes alimentarios) es el principal motor de la selección y la propagación de la resistencia a los antimicrobianos a lo largo de toda la cadena alimentaria.

La mayoría de las especies son sensibles a los antibióticos que manejamos. Pero eso no impide que, por diferentes razones, se aíslen ocasionalmente variantes capaces de crecer a sus anchas en presencia de estos fármacos. En este caso se habla de resistencia adquirida.

Lo grave del asunto es que, cuando las que se hacen resistentes a uno o varios antibióticos son bacterias causantes de infecciones, disminuye la capacidad de tratamiento. Lo que supone una amenaza seria para nuestra salud.

Cepillo para limpiar cuchillos y demás cubiertos | Gastronomía & Cía

La dificultad 

Tanto la transmisión de cepas multirresistentes a través de los alimentos como la exposición a posibles cepas portadoras de resistencias en los entornos donde se elaboran las materias primas o se procesan los alimentos son cuestiones de interés para la salud pública. Y forman parte de muchas de las investigaciones de actualidad.

Esa investigación resulta imprescindible para identificar qué animales y productos alimenticios son las principales fuentes de infecciones, además de para monitorizar la prevalencia de las zoonosis.

Sin ir más lejos, en la industria alimentaria del pescado se han identificado bacterias resistentes a múltiples antimicrobianos. En cuanto a los productos cárnicos o derivados del huevo, los estudios se centran en la transmisión de cepas resistentes de bacterias como Escherichia coli o Salmonella.

Las hortalizas, frutas y legumbres tampoco se salvan. En su caso, el interés está en identificar enterobacterias resistentes que puedan venir de una contaminación de origen fecal.

Es conveniente elegir alimentos para cuya producción no se hayan utilizado antibióticos con el fin de estimular el crecimiento ni de prevenir enfermedades en animales sanos. Y en caso de desinfectar las zonas donde manipulamos alimentos, rotar los productos desinfectantes.

Este conjunto de medidas podría ayudar a prevenir la propagación de bacterias resistentes o tolerantes a lo largo de la cadena alimentaria. No hay que perder de vista que se calcula que en 2050 habrá más muertes por bacterias resistentes a antibióticos que por cáncer, y muchas de estas bacterias vienen de los alimentos. Evitarlo está en nuestras manos.

Con información de El Español

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