Osteomielitis: una infección que puede afectar los huesos

Los seres humanos adultos tenemos en total 206 huesos que conforman la estructura de nuestro cuerpo, y su función principal es permitir la movilidad, proteger los órganos internos así como la liberación de calcio y fósforo al torrente sanguíneo. Pero, ¿qué sucede si nuestros huesos son afectados por una bacteria que genere osteomielitis?. Aquí te lo explicamos.

La osteomielitis se produce cuando bacterias llamadas piógenas (que producen pus), pueden infectar a los huesos propagándose a través del torrente sanguíneo, o lo que es más frecuente, extendiéndose desde tejidos cercanos infectados o desde una herida abierta infectada.

Pero también puede deberse al bacilo de la tuberculosis o, más raramente, a hongos. La osteomielitis, puede ser aguda –y evolucionar en menos de dos semana– o crónica –que evoluciona en más de cuatro semanas, no responde al tratamiento antibiótico y requiere cirugía para su curación–.

Quienes la padecen sienten un dolor intenso en los huesos, fiebre y pérdida de peso. Generalmente se presenta en niños pequeños y en las personas mayores, aunque todos los grupos de edad presentan riesgo. Es también más probable que se produzca en personas que padecen problemas médicos graves.

Foto Referencial

Cuando se infecta un hueso, la parte interna blanda (médula ósea) suele inflamarse. Como el tejido inflamado presiona contra la rígida pared exterior del hueso, los vasos sanguíneos de la médula sufren compresión, con lo cual se reduce o interrumpe el aporte de sangre al hueso.

Sin un aporte sanguíneo adecuado, algunas partes del hueso pueden morir. Es difícil que estas zonas de hueso muerto se curen de la infección ya que las células naturales del organismo encargadas de luchar contra las infecciones y los antibióticos tienen dificultad para llegar hasta ellas.

La infección puede extenderse también fuera del hueso y formarse acumulaciones de pus (abscesos) en los tejidos blandos cercanos, como el músculo. Algunas veces los abscesos drenan espontáneamente a través de la piel.

Causas

Foto Referencial

Los huesos, que normalmente están bien protegidos de las infecciones, pueden infectarse por tres vías:

  • El torrente sanguíneo (que transmite a los huesos una infección procedente de otras partes del organismo).
  • Invasión directa (a través de fracturas abiertas, procedimientos quirúrgicos u objetos que perforan el hueso).
  • Las infecciones en estructuras cercanas, por ejemplo en las articulaciones naturales o protésicas, o en los tejidos blandos

Una lesión, un cuerpo extraño (como una prótesis articular infectada) y una disminución del suministro de sangre a órganos o tejidos (isquemia) pueden causar osteomielitis.

Esta patología se puede formar debajo de las úlceras por presión profunda. En la mayoría de los casos la osteomielitis está provocada por invasión directa o infecciones de los tejidos blandos cercanos.

En algunos casos se genera en una zona dañada por un traumatismo o un procedimiento quirúrgico, por radioterapia o por cáncer, o en una úlcera cutánea (especialmente una úlcera en el pie) causada por mala circulación o diabetes. Una infección de los senos paranasales, de las encías o de los dientes puede extenderse al cráneo.

Diseminación a través de la sangre

Cuando los microorganismos que causan osteomielitis se propagan a través del torrente sanguíneo, la infección se suele producir en

  • Los extremos de los huesos de la pierna y el brazo en niños
  • La columna vertebral (vértebras) en adultos, especialmente en personas de edad avanzada

Las infecciones de las vértebras son conocidas como osteomielitis vertebral. Los más susceptibles a padecerla son: las personas mayores, los que padecen anemia grave, pacientes que se someten a diálisis renal o los que se inyectan drogas o fármacos con jeringuillas no estériles, son más propensos a la osteomielitis vertebral.

Este tipo de osteomielitis, suele evolucionar gradualmente y causa dolores de espalda persistentes y respuesta dolorosa a la palpación de la zona afectada. El dolor empeora con el movimiento y no se alivia con el reposo, con la aplicación de calor ni con la administración de analgésicos.

Invasión directa

Las bacterias o las semillas de hongos (denominadas esporas) pueden infectar el hueso directamente a través de fracturas abiertas, durante la cirugía del hueso, o a través de objetos contaminados que perforan el hueso.

La osteomielitis se puede producir en la zona de un hueso donde se ha implantado quirúrgicamente una pieza de metal, como se hace para reparar una cadera u otra fractura.

Síntomas

Foto Referencial

En la osteomielitis aguda, las infecciones de los huesos de las piernas y los brazos causan fiebre y, a veces, dolor intenso en el hueso infectado. El área situada sobre el hueso puede estar dolorida, enrojecida, caliente e hinchada, y el movimiento puede resultar doloroso. La persona pierde peso y está cansada.

Cuando la osteomielitis procede de infecciones en los tejidos blandos cercanos o se debe a invasión directa por un microorganismo, el área que está sobre el hueso se hincha y se vuelve dolorosa. Pueden formarse abscesos en los tejidos circundantes. Estas infecciones pueden no causar fiebre.

De modo característico, la infección alrededor de una prótesis articular o un miembro artificial contaminados causa dolor persistente en la zona afectada.

Las personas afectadas a menudo no presentan fiebre, que generalmente es el signo más obvio de una infección.

Si el tratamiento de la osteomielitis no tiene éxito, se puede desarrollar osteomielitis crónica. La osteomielitis crónica es una infección persistente que cuesta mucho de eliminar.

En algunas ocasiones, la osteomielitis crónica pasa inadvertida durante mucho tiempo, sin causar síntomas durante meses o años. Con mayor frecuencia, la osteomielitis crónica causa dolor óseo, infecciones recurrentes en los tejidos blandos sobre el hueso y supuración constante o intermitente a través de la piel.

Diagnóstico

Foto Referencial

Los síntomas y los hallazgos detectados por el médico en la exploración física pueden ser indicativos de osteomielitis. Por ejemplo, el médico puede sospechar osteomielitis en una persona que presenta dolor persistente en una parte de un hueso, que presenta o no fiebre y que se siente cansada la mayor parte del tiempo.

Si se sospecha osteomielitis se realiza un análisis de sangre para estudiar los niveles elevados de glóbulos blancos. Sin embargo, los resultados que muestran poca o ninguna inflamación pueden sugerir que una persona no sufre osteomielitis.

Es por esa razón que se realizan las radiografías, a fin de observar cambios característicos en los huesos, que a veces no son tan evidentes hasta que transcurren unas 2 o 4 semanas después de la aparición de los primeros síntomas.

Si los resultados de las radiografías no son claros o si los síntomas son graves, se realiza una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética nuclear (RMN). La TC y la RMN permiten identificar las zonas o articulaciones infectadas y detectar infecciones cercanas, como abscesos.

También se puede realizar una gammagrafía ósea (Imagen del hueso obtenida tras inyectar una sustancia denominada tecnecio radiactivo). El área infectada casi siempre aparece anormal en las gammagrafías óseas, excepto en los niños pequeños, ya que las anomalías en los huesos en crecimiento detectadas a través de esta prueba no son fiables.

Sin embargo, las gammagrafías óseas no siempre pueden distinguir las infecciones de otros trastornos óseos. Las gammagrafías con glóbulos blancos marcados (imágenes obtenidas después de inyectar en una vena glóbulos blancos marcados con indio radiactivo) ayudan a distinguir entre infección y otros trastornos en zonas que aparecen anormales en las gammagrafías óseas.

Para diagnosticar una infección ósea e identificar el microorganismo que la produce, los médicos toman muestras de sangre, pus, líquido sinovial o hueso para analizarlas. Por lo general, para la detección de osteomielitis vertebral, se extraen muestras de tejido óseo con una aguja o durante una intervención quirúrgica.

Pronóstico

El pronóstico de las personas con osteomielitis suele ser bueno si el tratamiento se realiza de forma temprana y apropiada. Sin embargo, a veces se desarrolla una osteomielitis crónica y puede reaparecer un absceso óseo semanas, meses o incluso años más tarde.

Tratamiento

Osteomielitis
Foto Referencial
  • Antibióticos o antifúngicos
  • En ciertas ocasiones, intervención quirúrgica
  • En caso de abscesos, por lo general drenaje quirúrgico

Antibióticos y antifúngicos

Para los niños y los adultos que han desarrollado recientemente infecciones óseas transmitidas a través del torrente sanguíneo, los antibióticos son el tratamiento más eficaz.

En caso de no poder identificar las bacterias que causan la infección, se administran antibióticos eficaces contra Staphylococcus aureus y muchos otros tipos de bacterias (antibióticos de amplio espectro). Dependiendo de la gravedad de la infección, se pueden administrar antibióticos por vía intravenosa durante unas 4 a 8 semanas.

Seguidamente se pueden continuar administrando antibióticos por vía oral durante un período de tiempo más largo según la respuesta de la persona. Algunas personas padecen osteomielitis crónica y requieren tratamiento antibiótico durante meses.

Si se identifica o se sospecha una infección micótica, se prescriben fármacos antimicóticos durante varios meses. Si la infección se detecta en una fase inicial, no suele ser necesaria la cirugía.

Cirugía y drenaje

Para adultos con osteomielitis bacteriana de las vértebras, el tratamiento habitual consiste en la administración de antibióticos durante 4 a 8 semanas. A veces es necesario reposo en cama, y en algunos casos es necesario llevar un corsé. Para drenar abscesos o estabilizar las vértebras afectadas (para prevenir que se aplasten y dañen los nervios cercanos, la médula espinal o vasos sanguíneos), se precisa una intervención quirúrgica.

El tratamiento es más complejo cuando la osteomielitis se debe a una infección en los tejidos blandos cercanos. Generalmente, el tejido y el hueso muertos se extirpan quirúrgicamente en su totalidad, y el espacio vacío resultante se rellena con piel u otro tejido sanos.

A continuación, se trata la infección con antibióticos. Los antibióticos de amplio espectro pueden ser necesarios durante más de 3 semanas después de la cirugía.

En caso de absceso, suele ser necesario drenarlo quirúrgicamente. La cirugía también es necesaria en los casos en que la persona afectada tiene fiebre persistente y pérdida de peso.

Lea También: Crean un fármaco eficaz contra la mayoría de cánceres

Con Información de: Webconsultas.com

Comparte este artículo:

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Continua leyendo

Artículos relacionados