7 pasos para superar el resentimiento

La ira y el enfado, son algunas de las emociones más básicas y necesarias que existen. Nos ayuda a marcar límites con los demás, a hacernos respetar, a darnos cuenta de que se ha producido un desequilibrio, una injusticia. Pero ¿ cómo saber si eso se convierte en resentimiento ?.

La respuesta es sencilla, si ese enfado no lo gestionamos adecuadamente en su momento, puede llegar a enquistarse. Nos apegamos a él, en lugar de darle la utilidad que tiene y dejarlo marchar… Entonces llega el rencor, el dolor y el resentimiento.

El resentimiento, es una pequeña guarida donde guardamos el dolor y el enfado no resueltos, acumulados en el tiempo, la misma palabra lo dice: re-sentir, y si no nos damos cuenta de esto, puede seguir creciendo como si albergáramos un monstruo en nuestro interior que poco a poco se hace más grande.

Generalmente, quien experimenta resentimiento, en un principio no se encuentra en condiciones de comprender o resolver, ni siquiera de olvidar, siendo una emoción muy descalificada a nivel social.

Pero el resentimiento, como cualquier emoción, tiene una causa y una razón de ser que nos indicar la existencia de un problema o dificultad que tenemos, y que nos cuesta darle solución.

Sentir y re-sentir

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El resentimiento comienza a generarse cuando vivimos una experiencia que nos frustra, nos desorganiza y ante la cual, no expresamos nuestro dolor ni enfado. Por ello, las personas que suelen experimentar esta emoción suelen ser las más hipersensibles, son las que viven tanto el dolor como el enfado con mucha intensidad, no habiendo aprendido a expresarlos de manera adecuada.

Así, poco a poco, se va reteniendo dolor en el interior de la persona, atravesando un proceso en el que se van exagerando y desproporcionando.

Ante la permanencia en el tiempo del resentimiento, resulta conveniente preguntarnos cómo nos evaluamos a nosotros mismos por sentir este enfado retenido o enquistado, ya que esto nos ayudará a descubrir lo que sentimos.

Si además del dolor y el enfado, aparecen los autorreproches, la persona puede sentirse “mala”, incluso que no merece ser querida o sin ningún respaldo, se puede ver afectada de manera directa su autoestima.

Por lo tanto, para evitar que aparezca el resentimiento, las estrategias son saber reconocer y expresar el dolor que se siente, sin caer en el victimismo.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de nosotros no sabemos o no nos han enseñado a expresar nuestro enfado de manera adecuada, ni siquiera a cómo dirigir la energía resultante de dicha emoción, produciremos más problemas que soluciones.

Resentimiento: una emoción que te resta tranquilidad

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Cuando nos enfadamos, suele pasar porque nuestras expectativas han ido más allá de lo que posteriormente la realidad nos presenta. Es por eso, que debemos tener en cuenta que cuando sentimos rabia, lo que se genera en nosotros es un aumento de energía para resolver el problema que nos ha molestado. La cuestión es el grado en el que lo expresamos y cómo lo hacemos.

Esto, unido a la actitud de comunicar nuestro dolor sin reproches, nos permitirá que no crezca el resentimiento en nosotros.

Pero, si no podemos evitar que aparezca el resentimiento, habrá que observar y transformar la evaluación interior que hemos hecho sobre lo resentido. Así, si en vez de descalificarnos, nos damos la oportunidad de transmitir cómo nos sentimos y qué necesitamos, para poder comunicárselo a la otra persona, de manera adecuada.

Se trata de ser conscientes de lo que sucede e identificar cómo nos sentimos, en lugar de actuar de manera automática. Además de comprender que todo el mundo no nos puede proporcionar lo que pedimos o necesitamos, no solo debido a sus circunstancias, sino también porque a menudo no solemos expresárselo.

7 pasos para sanar el resentimiento

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El resentimiento suele aparecer, sobre todo, cuando nos sentimos engañados, humillados u ofendidos. Y cuando no hemos expresado convenientemente nuestra rabia.

Así pues, al no expresarla bien en su momento, esa incomodidad se nos queda por dentro. En este sentido, te presentamos algunas recomendaciones para que sueltes el resentimiento de tu vida.

1. Aceptación

Admitir que sentimos resentimiento hacia alguien no suele ser lo habitual. Tratamos de negarlo, porque nos hace daño, ensucia nuestra auto-imagen y la percepción que tienen los demás de nosotros. Porque el ser rencoroso no es algo muy admirado socialmente…

Además, aceptar que tenemos rabia acumulada, nos genera un sentimiento de culpa (incluso de vergüenza) que nos hace sentir peor aún. Nos revuelve internamente no haber podido solucionar el conflicto mejor, habernos dejado “engañar”, sentirnos “tontos” o ingenuos, haber confiado en la otra persona y que no haya actuado como esperábamos, etc.

Si te das cuenta, el gran dolor, la gran decepción, es más contigo mismo que con la otra persona. Y cuando más vueltas le des al asunto, más daño te haces.

La buena noticia es que, al ser un trabajo interno, sólo depende de ti lograrlo. Pero para superar este sentimiento tan doloroso, lo primero es darte cuenta de que lo estás sufriendo.

 2. Auto-respeto

Como hemos visto, quien más sufre con esta tortura interna, eres tú mismo. Además, está científicamente comprobado que las emociones nos afectan al organismo.

Si no gestionas tus emociones, tu cuerpo las sufre en forma de enfermedades, malestar y problemas varios de salud. Un sentimiento enquistado de odio, rencor o ira, puede afectar directamente a tu hígado, a tu nervio ciático, a  tu estómago,  a tu vesícula biliar.

Se respetuoso contigo mismo. ¡Nada ni nadie es más importante que tu paz interior!

3. Aprendizaje

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Si alguien te ha hecho daño, eso ya no lo puedes cambiar. Te has sentido utilizado, menospreciado y eso te ha hecho sufrir. Has estado tiempo dándole vueltas, maldiciendo y cocinando a fuego lento todo ese odio. ¿Para qué te ha servido hasta ahora?

Te animo a que dejes atrás ese trago amargo que te quema por dentro, y que te enfoques en la parte útil del asunto.

Toda esta situación tan dolorosa tiene una lección que debes extraer. Quizás sea que debes andar con más cuidado y no confiar en cualquiera a la primera de cambio. Quizás, deberías estar más en contacto con tu intuición y hacerte caso, porque algo dentro de ti lo veía venir. O puede ser que debas dejar tus expectativas para con los demás, dejar de ser tan exigente y no frustrarte cuando las cosas no salen como tú querías.

4. Re-interpreta

Date cuenta de que todos cometemos errores en esta vida (tú también). De hecho, muchas veces ni nos damos cuenta de que hemos molestado a los demás.

Es fácil caer en el egocentrismo y creer que esa persona ha actuado así adrede para hacerte daño.  Pero la verdad suele ser muy distinta.

Es mucho más probable que esa persona haya actuado de forma egoísta (pensando en su propio beneficio), más que en querer destruirte y hacerte daño a ti particularmente. Deja de personalizar, te traerá mucha paz.

5. Empatiza

Para llegar a perdonar a alguien, es bueno ponerse en su piel. Juzgar menos y comprender más.

¿Qué circunstancias crees que le han llevado a comportarse así? ¿Qué carencias internas o necesidades no satisfechas crees que puede tener el otro? ¿Qué puedo generar esta acción en la otra persona?

Es más fácil perdonar y resolver tus sentimientos hacia alguien a quien percibes como vulnerable, torpe o herido… que ante un monstruo despiadado y sin corazón, ¿no crees?

 6. Marca límites

Sé asertivo, si puedes, habla con la persona que te hizo daño. Desde el respeto y la madurez, hazle entender cómo te sentiste, y que comprenda que su comportamiento no te agradó. Explícale tranquilamente tus motivos, para que empatice y te comprenda mejor.

Lo recomendable es hacer esto a tiempo, sin dejar pasar demasiado. Para que no le des más vueltas de la cuenta al asunto, ni te hagas “mala sangre”. Si no, te costará cada vez más mantener la cabeza neutra y decir las cosas de la mejor manera.

Soluciona tus asuntos aquí y ahora, así podrás vivir siempre tranquilo.

7. Despídete de tu emoción

Desapégate del dolor. Hasta ahora te ha servido para sentirte víctima, para reparar tu daño y conectar con tus necesidades. Pero ya está, ya ha cumplido su función. Ya lo has trabajado y puedes decirle adiós.

Ahora que sabes que de nada sirve armar una venganza (porque no deshace el daño causado; genera más violencia; te trae culpa y remordimientos, y te aleja de esa persona sabia y equilibrada que deseas llegara  ser)…

… Es momento de que perdones a esa persona por haberte hecho sufrir… Que te perdones a ti mismo por no haberlo evitado y haberte recreado inútilmente en tu dolor… Que perdones a la vida por traerte esta situación incómoda…

… Y que comiences a caminar mirando para adelante, mucho más liviano sin ese pesado lastre que es el rencor.

Lea También: Por qué una baja autoestima puede destruir tu relación de pareja

Con Información de: Sumedico.lasillarota.com

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