Honro mis cicatrices… son evidencia de mi historia

Mis cicatrices me hacen recordar lo fuerte que he sido y que aún tengo sueños por cumplir

Seguramente para muchos el año 2020 fue un año duro, difícil, retador. En medio de pandemia mundial y millones de crisis económicas que se fueron desarrollando. Yo no escapé de esa realidad, si bien fue un año al que le agradezco inmensamente todo lo aprendido, también fue uno de los años más duros para mí, algunas personas creen que puedo aguantarlo todo, pero realmente sí he tocado el piso infinitas veces, pero cada caída me recuerda que no puedo vencerme.

Comencé el año con las mayores ilusiones; al fin y después de mucho esfuerzo, y de la ayuda de muchas personas que nos quieren, teníamos todo para lograr realizar mi primer procedimiento in vitro. Y así, muy tempranito empezando el mes de enero 2020, comenzamos lo preparativos, y finalizando el mes ya habíamos iniciado con el tratamiento. Obtuvimos buena cantidad de óvulos, fertilizaron maravillosamente y pudimos ir a transferencia embrionaria, logrando al fin nuestro gran anhelado positivo.

Fueron días de angustias, miedos, ansiedad, desde el día 5 posterior a la transferencia embrionaria me comencé a sentir mal, estómago revuelto, más dolor incluso de cabeza, vómitos, y pare de contar; eran tantos síntomas que decía esto no puede ser verdad, tiene que ser mi mente.

Por haber estado sometida a estimulación, mi médico quiso chequear que mis síntomas no estuvieran relacionados con una hiperestimulación ovárica  y después de revisarme concluyó que podía ser una gastritis, todavía era muy pronto para pruebas de embarazo. Sin embargo, cuatro días después, no pude más y accedí a aceptar una prueba de detección temprana que la madrina de mi futura bebe me había ofrecido.

¡Y, BOOM! La mejor noticia de mi vida llegó, EMBARAZADA, no sabía si gritar, si llorar, si avisar al médico, a mi esposo no le diría, pues para él quería hacer algo especial. Avisé al médico, al que desde entonces volví loco, y  comienza la prueba de resistencia a la ansiedad, que era igualmente hacer mi Beta, mi prueba cuantitativa y ver los niveles, verificar si estaban dentro de los límites.

mis cicatrices
Foto Referencial

Prueba 1, porque fueron, si mal no recuerdo, cuatro pruebas cuantitativas, cada dos días, y así ver que el valor de la hormona aumentara como debía, ¡Las mañanas más largas de mi vida, esperar esa llamada! Pues sí, ¡confirmado, estábamos embarazados!, lo que tanto había soñado ya lo estábamos viviendo, y era normal tener ciertos miedos y aún sentirme soñando.

La ansiedad no terminaba

¡Faltaba el eco! Me hicieron un eco bastante temprano, el médico nos dijo que aún era pronto para oír latido, —Así que no se asusten—, pues, ¡gran sorpresa, ese corazón latía, ya se dejaba oír! Mejor imposible, todo lo que estábamos viviendo.

Ya se comenzaba a escuchar sobre el COVID-19, intentaba hacer oídos sordos, para no preocuparme, y llegó la confirmación: pandemia mundial, cuarentena radica. Primer golpe, nadie quiere, después de anhelar tanto un embarazo, encontrarte en un situación donde algo pudiera hacerte daño, ¡fue muy duro! Sin embargo, decidí mantener mi mente ocupada y resguardada de miedos.

Todo marchaba estupendamente, mi bebe era mi salvoconducto, llegaba sin problemas a mi consultas, este era uno de mis temores que alguna alcabala no me dejara pasar, pero gracias a Dios nunca fue así.

En un abrir y cerrar de ojos pasaron 5 meses, nunca había sentido que el tiempo pasara tan rápido, me preparaba para mis 6 meses, cuando pasó lo que tanto temía, pero jamás imagine que me podía suceder, perder a mi bebe. Eran las 4 a.m. cuando sentí como rompí fuente, desperté a mi esposo, también a una vecina que es médico, y llamé de inmediato a mis médicos.

Tocó ir a la clínica lo más rápido posible, rezando que mi bebe se quedara con nosotros. Me hicieron el eco y oímos las palabras más duras que jamás había oído, ­— no hay latido—. Nunca unas palabras me habían desgarrado tanto el alma como esas, aquí mi primera herida, no era física, pero sí en el alma, cómo haces para ponerle una curita al corazón, cómo hacer para cerrar esa herida que no ves, pero que te duele.

Comenzó el camino de dar a luz, ver nacer a mi hija al cielo, abrazarla y decirle vuela alto, mamá estará bien. Y así, irte a casa con los brazos vacíos y el corazón hecho pedacitos. ¿Está herida cuándo se curará?, cuándo cicatrizará, es lo que pasa por tu mente. Se comienza a vivir un día a la vez, hay risas, hay lágrimas, hay altos hay bajos, duele, claro que duele, no ves la cicatriz, pero está.

Comencé a levantarme, sin presionarme en estar bien de un día  otro, solo decía a tu propio ritmo y sabía que podía, en lo que pude retomé ejercitarme, una gran ayuda, me permitía conectarme con mi yo, con mi esencia y volver a Dios, al mismo que días atrás le decía no es justo, sí tambien me permito enfadarme con Dios, y luego reconciliarme con él, entendiendo que mi hija había cumplido su propósito devolvernos la esperanza.

Pasaron algunos meses, y como si el año ya no había sido difícil, entre chequeos mi médico me dice, —Yuraima, hay que operar—, mi ovario izquierdo desarrolló un endometrioma muy grande, que había que retirar para poder continuar. Empezaba el mes de diciembre, recién había cumplido años y dije —si esto hay que hacerlo, pues lo haré ahorita mismo—, —no comienzo el año que viene con esta carga—. Y así, una vez culminados mis compromisos laborales, entré a quirófano el 22 de diciembre, una operación que resultó ser compleja, más de cuatro horas, no se logró salvar mi ovario, pero yo estaba bien. Con tres nuevas cicatrices, estas sí eran físicas y visibles, pero me recordarían cada día que ese era el comienzo de una nueva oportunidad.

¡Boom! Pasados tres días se asoma una evidencia de una complicación, la operación había sido compleja y existían ciertos riesgos, lamentablemente mi uréter izquierdo había resultado lesionado, y había que corregirlo. En menos de una semana debía entrar a quirófano nuevamente, esta vez entré entregada totalmente a Dios, más callada, más dócil, más que sea tu voluntad, Señor. Fue una cirugía aún más compleja, seis horas en quirófano, hubo que hacer una reinserción de mi uréter y colocar un catéter temporal del riñón a la vejiga. Entré pensando que no tendría cicatriz y salí con una gran herida que ni me imaginaba, pero viva, con una oportunidad más de poder seguir cumpliendo mis sueños.

Hoy no tengo el abdomen, el ombligo ni el vientre perfecto, tengo cuatro cicatrices totalmente visibles, que me recuerdan que luché por estar aquí, que mi alma no estaba lista para partir, ni mis sueños a no ser cumplidos. Siento que, luego de un año tan difícil, siempre es natural mirar atrás y hacer una revisión de todo lo vivido, soltar lo que no queremos y conservar lo que nos deja honrar tus logros y aprendizajes.

mis cicatrices
Foto Referencial

La fuerza para levantarte

2020 fue, para mí, un año súper retador, en lo menos que pensé, sinceramente, fue en lo que todos pensaban: COVID-19. Tuve situaciones que me golpearon tan duro, que me tiraron al piso, pero entendí que tengo la fuerza para levantarme cada vez que me caiga. Y todo lo vivido es parte de mis aprendizajes.

Creo que importante quitarle a connotación a las vivencias de “buenas” o “malas” y simplemente cambiarlas por perfectas, y así todo cobra mucho más sentido. Si tomamos todo lo que pasa en nuestras vidas para crecer, en definitiva, nos ayudará a ser más felices.

Aunque nos cueste admitirlo, las situaciones incómodas son las que nos hacen disfrutar y valor. Todo pasa por una razón, las situaciones que se nos presentan pueden ser fáciles o más difíciles, en la medida que estemos abiertos a encontrar el aprendizaje que trae consigo.

La gratitud eleva la práctica de honrar, el reto está en aprender a hacerlo con lo que nos incomodó, pero resulta más sencillo si aprendemos a ver esas situaciones difíciles como maestros.

Yo honro lo que he vivido, mucho más esas situaciones difíciles, y las agradezco porque me han hecho crecer, quizás algunas hasta cicatrices me han dejado, pero aunque hoy me quitan esa ilusión de perfección, realmente las valoro, y siempre estarán ahí para recordarme las lecciones aprendidas y lo fuerte que he sido.

Hoy también honro lo que se ha tenido ir, me haya gustado o no que sucediera, reconozco que es parte del ciclo de la vida, agradezco lo que me dejó y me preparó para todo lo bueno y grande que viene.

Así que te invito a que honres el mayor número de cosas que te vengan en este momento a tu mente, sean buenas o malas, honra lo que se ha tenido que ir, verás cómo este nuevo ciclo brillará para ti.

Más allá de marcas en mi piel y en mi corazón, mis cicatrices son huellas imborrables, de lo que tuve, de lo que tengo y de lo que ha de venir. Las porto con orgullo y gratitud por lo que representan en mi vida y en mi evolución.

No sé cuántas cicatrices tienes, ni cuán difíciles han sido para ti, pero si las tienes y deseas compartirlas con mi comunidad, te invito a contactarme por mis redes @mipropositocreandovida y @yuraimamedinave.

Yuraima medina

Lea también: La llegada de un bebe tras la pérdida de un hijo….

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